Tomás Ibáñez

Porque he elegido la anarquía

(1962)

 


 

Note

Publicado en 1962. "Pourquoi j'ai choisi l'Anarchie." Bulletin des Jeunes Libertaires. Nº 43.

 


 

Si a través del amplio abanico de ideas que se desplegaba ante mí, he optado en definitiva por el ideal libertario, es porque, a semejanza de todo ser humano, soy indefectiblemente egoísta.

Como detesto que se me obligue a seguir unas pautas de conducta y adoptar unos principios ajenos a mi sentir, hasta el punto que estoy incluso dispuesto a sabotear una sociedad empeñada en doblegar mis actos, pensé que cualquier persona que se intente oprimir no podía sino compartir esos mismos sentimientos, y que, por lo tanto, lo mejor para vivir en paz consistía en no pretender imponer a nadie unas condiciones de vida contrarias a sus inclinaciones.

Resulta que el ideal libertario es el único que no pretende obligar a nadie a aceptar sus presupuestos, es el único que no pretende, para alcanzar tal o cual objetivo, incluir los individuos en su seno, recurriendo a la fuerza si es necesario. Ninguna de las facciones políticas: comunistas, socialistas, fascistas etc. fundamenta su sociedad en una libre agrupación de comunistas, de socialistas, etc. En cuanto disponen de la suficiente fuerza, y por lo tanto el derecho, imponen su credo a quienes discrepan de su régimen, obligándoles a colaborar y a actuar de plena conformidad con sus modelos. ¿Como asombrarse, entonces, de que se produzcan rebeliones y disturbios? Los libertarios, no queremos forzar la conversión de nadie a nuestras ideas, ni obligar a nadie a vivir como nosotros si no es esta su voluntad explícita. Lo que queremos, pero eso sí, con todas nuestras energías, es que se nos deje vivir nuestra vida tal y como la hemos elegimos, expresando e intercambiando nuestras opiniones con total libertad. No admitimos que se nos imponga una manera de actuar, un modo de pensar, y que se nos sacrifique a entidades absurdidades, a futuros improbables, o a intereses inconfesables.

"El hombre nació para vivir y no para prepararse a vivir" dijo Pasternak; no queremos ningún paraíso maravilloso en el que se nos fuerce a morar, y estamos de todo corazón con Jean Rostand cuando escribe: "no quisiera ningún paraíso donde no se tuviese el derecho de preferir el infierno."

Pienso que, con independencia de las diferentes formas de plantear las estructuras de una sociedad libertaria, esto es lo que une fundamentalmente a todos los anarquistas, y por eso he elegido la anarquía.

De la misma forma que me no gusta que se quiera integrarme de fuerza en un medio que no es el mío, hacerme vivir de una manera que no se ajuste a mis aspiraciones, tampoco quisiera por nada del mundo hacer comulgar a los demás con mis conceptos y obligarles a vivir según mi ideal, por mucho que este convencido que de ello dependa su felicidad.

No pudiendo acudir a ningún patrón donde medir la Verdad y los Valores, el supuesto libertario que, en pos de la eficacia, intentase imponer sus ideas a las masas, caería "ipso-facto" en la misma categoría de aquéllos que combate, ya que estos pretenden también, a menudo de buena fe, aportarnos la Verdad, y salvarnos a pesar de nosotros mismos; por supuesto, nada permite afirmar que estén en el error y que la razón este de nuestro lado. Este es el motivo por el que me cuesta concebir que se pueda pensar en llevar a cabo una revolución social violenta con el objetivo de aportar un remedio anarquista a los males que aquejan a los seres humanos.

La única vía que me parece llena de promesas y cargada de frutos consiste en luchar incesantemente, en todos los lugares, contra la autoridad; y, si e1 estado de nuestras fuerzas nos lo permite, realizar una revolución, violenta o no, que tenga por objetivo, no el de propagar el comunismo libertario, sino el de hacer estallar en mil pedazos la tangible realidad de la autoridad que nos aplasta, afín de que cada uno pueda elegir su vía sin imposiciones, ser marxista, ser libertario, etc. y vivir, con sus compañeros de ideas, su vida a su manera.

 


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