Henri Léon Follin

Palabras de un vidente
(extractos)

(1934)

 


Nota

El humanista Henri Léon Follin (1866-1949) se adelantó demasiado a su tiempo y, por consiguiente, sólo fue conocido y valorado por un pequeño círculo de personas. El texto que aquí se presenta engloba una serie de reflexiones recogidas en sus obras. El autor desarrolla la idea de COSMOMETAPOLIS, que guarda un gran parecido con la panarquía. Los dos conceptos están a favor de la libertad de elección personal con respecto a la organización social de la que ambos desean formar parte, más allá, por tanto, de la soberanía territorial impuesta a todos por los Estados nación.

(Traducción de María Abelleira)

 


 

Comunidades libres y voluntarias

La evolución del mundo debe hacerse basándose en el desarrollo y la mejora de las realidades individuales o convenidas libremente de manera asociativa, y no sobre categorías referidas al lugar de nacimiento, origen, entorno o actividades con los que se encasilla al individuo y a sus grupos.

No debe existir el dominio de unos pueblos sobre otros. Esta forma política de dominación siempre generará conflictos.

Los únicos poderes beneficiosos son económicos, morales, intelectuales y estéticos. No tienen nada que ver con las divisiones étnico-político-geográficas. El poder debe ser monopolio de individuos y grupos libres, reclutados en todo el mundo, para que lo ejerzan sobre ellos mismos en beneficio de todos.

Ninguna colectividad tiene razón de ser, más allá de la existencia de los individuos que la componen en un momento dado. Su condición no es otra cosa que el conjunto de condiciones particulares recibidas del pasado y del presente de parte de cada uno de estos individuos, y que sólo el individuo podrá transmitir en el futuro. 

Los derechos individuales cosmometapolitanos que deben reconocerse y garantizarse a todo ser humano en el mundo entero, independientemente de la comunidad nacional, regional o local a la que pertenezca, pueden reducirse esencialmente a seis:

  1. Derecho a no participar en ninguna forma de rivalidad o conflicto entre Estados políticos, ni a sufrir sus consecuencias.
  2. Derecho a elegir el Estado o los Estados administrativos y jurídicos de cuyas leyes pretende depender en sus relaciones privadas, y a circular o establecerse en un Estado cualquiera respetando las leyes de éste en sus relaciones públicas.
  3. Derecho a intercambiar libremente bienes y servicios con ciudadanos de todos los demás Estados.
  4. Derecho a evaluar sus intercambios y a establecer compromisos mediante un modelo universal, o incluso particular, sin la intervención de ningún monopolio monetario.
  5. Derecho a expresar libremente todo pensamiento sobre cualquier materia, con la excepción de no poder hacer llamada alguna a la violencia contra las instituciones establecidas.
  6. Derecho de proteger la instrucción y la educación de los hijos de toda influencia contraria a los cinco derechos precedentes.

La doctrina cosmometapolítica propone que las personas no han de estar, desde su nacimiento, sometidas a una única autoridad que se les revelará en todas las manifestaciones de su existencia. Por el contrario, pretende que, para todo aquello que no perjudique directa y manifiestamente a los demás, cada cual pueda liberarse de la ley común sobre la que no ha tenido ningún control, que sólo se someta a la parte de la opinión pública humana que le convenga o a las asociaciones en las que haya entrado libremente por medio de un acuerdo preciso de duración voluntariamente limitada.

El principio cosmometapolítico que los hombres exigirán que gobierne el mundo cuando ellos quieran abrir los ojos es éste: ni el lugar de nacimiento o entorno, ni el origen de sus ascendientes deben vincular la vida o ciertas libertades esenciales de los individuos a las voluntades y decisiones de los gobernantes políticos, ya sean los gobernantes de la nación de la que son ciudadanos o en la que viven, o los de cualquier otra nación.

La paz sólo reinará realmente, tal y como pretende COSMOMETAPOLIS, cuando hayamos creado, generalizado e intensificado, hasta barrer todas las resistencias, la noción sobre un mínimo de derechos individuales-universales, no sólo de conciencia, sino también de interés humano, frente a las formaciones políticas y nacionales.


Civilización

La humanidad nunca ha sido civilizada. No confundamos la civilización con ciertos avances industriales, científicos, intelectuales e incluso morales de la humanidad. Ha habido numerosos intentos de civilización, siempre sofocados por la militarización y la politización. La manifestación más reciente, y quizás la más definitiva y dañina de este fenómeno, la estamos presenciando en el siglo XX.

La civilización es y sólo puede ser el producto de todas las iniciativas individuales libres sobre la faz de la Tierra y del intercambio universal de servicios, que es la consecuencia y la manifestación de su libertad.

Una civilización donde los mejores representantes de la inteligencia, el talento y la virtud admitan que el poder de reconocer y premiar sus méritos está delegado en los políticos y burócratas del Estado todavía tiene que mejorar singularmente. 


Competición

No confundamos la fórmula económica de la lucha por una vida mejor con la fórmula política de la lucha por la vida. Es una vida muy parcial e incompleta, que nos hace equiparar la  selección relativa producida por los diversos grados de éxito en el esfuerzo por mejorar, con la selección absoluta producida por la lucha por el ser.


Competencia económica

El gran error socialista, que ha envenenado todas las concepciones modernas de la economía, es creer que la competencia, cuando es libre y justa, aplasta a los débiles bajo su dominio. La competencia permite que los fuertes lleguen en mayor número; pero como los fuertes no pueden ascender sino poniéndose al servicio de los débiles –que son infinitamente más numerosos– y con su ayuda, están obligados a dejar que se beneficien de las ventajas que ellos mismos obtienen de la competencia.


Democracia

¿Democracia? Como instrumento de defensa contra el parasitismo y la tiranía de los fuertes, sí. Pero a condición de no sustituirla por la tiranía y el parasitismo de los débiles.


Intercambios

Los pueblos que quieran preservar sus características propias no tienen mejor medio de protegerse contra la infiltración extranjera de personas que abrir de par en par sus puertas al intercambio de productos.

La tendencia natural es la de valorar más el servicio que se presta que el que se recibe. Sin embargo, cualquier intercambio es rentable. La discusión de las bases del intercambio, que a veces se presenta como una lucha, no es más que el indispensable primer paso. No es un acto de antagonismo, es la preparación de un acto de unión y solidaridad.

Sólo Bastiat ha revelado de forma sorprendente la naturaleza de la Economía, al definirla como “la ciencia del intercambio”. Sólo él ha revelado de manera sorprendente la naturaleza del valor, al definirlo como “la relación entre dos servicios”.

A la luz de estas definiciones entenderemos cómo multiplicando los intercambios y sustituyendo la moneda por un denominador común universal que equilibre con la máxima estabilidad posible el valor de los servicios prestados, la riqueza podrá multiplicarse hasta el infinito.

La eliminación de fronteras aduaneras no es una cuestión de “organización”, sino una cuestión de derecho individual.

Los llamados “economistas liberales” tenían toda la razón al pensar que el libre comercio bastaría para pacificar el mundo, lo cual fue su excusa para no combatir ni siquiera los nacionalismos, y algunos de ellos concibieron la doctrina cosmometapolítica como germen de sus enseñanzas.

La libertad de comercio es suficiente para todo materialmente, así como la libertad de pensamiento y de expresión del pensamiento es suficiente intelectual y moralmente. Pero sólo obtendremos aquélla como más o menos conseguimos estas últimas: reivindicándolas, no como un valor colectivo abstracto, sino como un derecho concreto de cada uno de nosotros.


Economía

La economía, es decir, la incesante adaptación y reajuste de la producción al consumo y viceversa, no es asunto del Estado, sino del comercio libre y sincero.

No existe una “economía liberal”. Existe la economía, fruto de la libertad; y la antieconomía, fruto de la coacción.

La economía del mundo se encuentra, desde 1914, en estado de descomposición. Sólo volverá a sus formas normales, de conformidad con las leyes naturales de la evolución y el progreso experimental de la humanidad, mediante la confirmación, el reconocimiento y la salvaguarda de ciertos derechos, tanto individuales como universales, que deben prevalecer sobre cualquier ley o institución política o jurídica, nacional o internacional, que se les oponga o pueda oponérseles en el futuro.

Nada puede funcionar correctamente en la sociedad si se confunden las preocupaciones económicas con las preocupaciones filantrópicas. El mejor medio de garantizar que todos los intereses estén bien defendidos, tanto los de los trabajadores como los de los demás, es que cada cual deje de depender del Estado anónimo y parasitario y defienda lo suyo él mismo, sólo o asociado con aquellos con los que comparte intereses.


Armonía

La armonía humana, como todas las armonías, no es una cuestión de unificación, sino de convivencia en la diversidad y la diferencia.

Los dos grandes obstáculos para el orden y el progreso humanos son el espíritu particularista y el espíritu igualitario. En el fondo de todas las discordancias sociales, podemos estar seguros de que encontraremos uno u otro.


Individualismo

Definición: El individualismo es la doctrina que considera al individuo como el único agente social. Ningún individuo puede aislarse de la especie. Cada persona es sólo un momento de la vida del conjunto del que forma parte, del mismo modo que es sólo un momento de las células que lo componen. Pero es, según nuestro entendimiento y voluntad, el momento esencial, a la vez determinado y determinante.

Triología de los principios individualistas, esencia de la realidad social:

-Libertad: el simple hecho de no ser coaccionados por otros;

-Responsabilidad: el simple hecho de no huir de las consecuencias de los propios actos;

-Sinceridad: el simple hecho de ponerse lo más de acuerdo posible con los demás, con sus pensamientos, sus palabras y sus acciones.

Criticamos la agenda política de los individualistas por no ser positiva, por centrarse principalmente en las aboliciones. ¿Cómo podría ser de otra manera? El papel del Estado, cuando es considerado como el garante de una sociedad libre, sólo puede ser negativo. Lo positivo de la política consiste en eliminar todo aquello que obstaculiza lo positivo de la no-política.

Todas las concepciones imperantes, sean tradicionales o reformistas, tienden a encuadrar al individuo en el grupo étnico, político, social o profesional del que forma parte. El orden y el progreso naturales, por el contrario, procuran hacer independiente al individuo de todos los grupos, en la medida en que él mismo no fija o no acepta libremente los límites de su solidaridad con los otros.

El gran vicio de todos los liderazgos colectivos, ya sean políticos, sindicalistas, cooperativistas, soviéticos u otros, será siempre el mismo: fomentar el miedo y el odio de los mediocres hacia cualquier valor individual, los fanatismos contra todo espíritu libre, y eliminar, de este modo, los resortes esenciales de toda evolución humana.

Es posible, tal y como afirma un publicista, que una sociedad individualista “favorece a los audaces y a los sinvergüenzas”, en detrimento de los apáticos y de los imbéciles incapaces de organizar su propia defensa.

Pero una sociedad socialista (o socialómana) favorece a los perezosos y a los despilfarradores, en detrimento de los trabajadores y de los previsores, que actúan por el bien de todos al perseguir su propio bien. De este modo, una sociedad individualista es mucho más social que una sociedad socialista.

Un pensador de nacionalidad inglesa, Auberon Herbet, recomendó el “impuesto voluntario”. Estas dos palabras parecen contradecirse.

Sin embargo, ¿no podemos admitir que, en una sociedad en la que los individuos se hubieran liberado de la necesidad de tutela y hubieran perdido el hábito de la coacción, ellos mismos se sentirían socialmente obligados a participar en los gastos comunes, del mismo modo que ahora se sienten obligados a salir decentemente vestidos y a cumplir un sinfín de convenciones a las que la ley no les obliga en modo alguno?


Mundo

¡Las naciones no han comprendido aún su absurdo, cuando buscan tanto ampliar como cerrar sus fronteras, sin entender que el libre comercio significa la anexión del mundo y la recíproca anexión entre cada una de ellas!

¿Los Estados Unidos del Mundo?

¡Cuidado! Sería muy cómodo oprimir a los individuos bajo un nivel de uniformidad. Pero los Individuos del Mundo unidos por encima de los Estados para defenderse de sus excesos, eso es, a la vez, algo más urgente, eficaz e inofensivo.


Militarismo

El militarismo y el proteccionismo van de la mano. Cuando uno de ellos ha causado desastres en un país, el otro se arrastra a su favor. El proteccionismo es una estafa al erario público, al igual que el militarismo es una estafa a la vida pública. Como todas las estafas, necesitan agua turbia.


Naciones

Desde tiempos inmemoriales, los hombres han ignorado su interés universal, permanente y superior, que es un interés de cooperación, y lo han sacrificado a intereses particulares, temporales e inferiores, en forma de lucha armada o de competencia por el poder material. Éste es el único origen de la nación, éste fue y sigue siendo, en cierta medida, su única razón de ser.

¿Reconfigurar las fronteras de las naciones? ¡Qué anacronismo tan infantil! Sólo una cosa importa: hacer que las naciones se configuren progresiva y únicamente como asociaciones para la administración de ciertos intereses comunes, y cada vez menos como meros aparatos gubernamentales que absorben la personalidad humana, oprimiéndola en beneficio de sus parásitos.

Puesto que los conflictos entre naciones provienen únicamente de las ambiciones nacionales, resulta cuanto menos extraño que esperemos que los resuelvan equitativamente unos Tribunales de Arbitraje cuyos miembros dependen del favor de los gobiernos nacionales, estando más o menos dispuestos a beneficiar a uno u otro litigante. ¿Cómo es posible que el sentido común más elemental  no demuestre a los pueblos que los peligros de las políticas nacionales sólo pueden ser eliminados por hombres que no tienen nada que ver con ellas, ni de cerca ni de lejos; es decir, que han renunciado a todo sentimiento nacional y político, reivindicando el valor de la cosmometapolítica?

A pesar de representar a una minoría ínfima, los nacionalistas siempre ejercerán una influencia desproporcionada en relación a su número en todos los países, en tanto no destruyamos entre los ciudadanos la idea de que su nacionalidad puede, en determinadas circunstancias, prevalecer sobre su humanidad.

La paz, el orden y la prosperidad no reinarán definitivamente en el mundo hasta que los hombres, en un número suficiente o ejerciendo una influencia suficiente, hayan repudiado toda solidaridad con lo que los gobiernos, los partidos y la prensa de cada país vienen a denominar “intereses nacionales”.

Una nación no ostenta intereses.  Simplemente realiza el arbitraje de los intereses que sus ciudadanos, bien como administrados o  comerciantes, no pudieron acordar entre ellos con los ciudadanos de otras naciones. En los casos en que sea posible el acuerdo, la nación no pinta nada. Y ni en uno ni en otro caso tiene a derecho a involucrar a las partes que no estén interesadas.

Las personas que, creyéndose de buena fe pacíficas o al menos enemigas de la guerra, practican o admiten el culto a losintereses nacionales” son como aquellos enfermos o médicos que ignoran los síntomas de una infección sin dejar de alimentar su origen.


Política

La política, que pretende dominar el mundo, es, sin embargo, una de sus actividades más inferiores, animada por el espíritu más simplista. No hay nada más representativo de ello que el fetichismo democrático igualitario en materia de educación que el Estado centralizado utiliza naturalmente para extender su influencia por doquier.

El absurdo político universal consiste en esperar de las instituciones y de las leyes más virtud que de los hombres que las elaboran y las aplican.

Los pueblos, al igual que los individuos, viven de aquello que los une y mueren por aquello que los divide. Pero sus parásitos viven de aquello que los divide y mueren por aquello que los une. De ahí procede la obstinación de los políticos, los diplomáticos, los periodistas, los monopolistas de las finanzas y la industria por oponer los cultos nacionales a la religión de la humanidad.


Sociedad

El desarrollo de las sociedades se fundamenta exclusivamente en el desarrollo de la competencia económica, aquella que se basa en mejorar, en detrimento de la competencia política, que consiste en ser el más fuerte.

El secreto de la riqueza y la armonía sociales se basa en desarrollar en cada individuo, en cada entorno, el deseo de ser diferente de los otros, sustituyendo al deseo de ser más que los otros. Se trata de descartar aquello que es particularista, respetando lo que es particular.

El problema social es un problema de instituciones libertarias y responsables para los individuos capaces de adquirir tal iniciativa y responsabilidad, y de instituciones tutelares para los individuos que no pueden prescindir de la tutela.

Los trabajadores más o menos asalariados (evitemos la palabra “obrero”) accederán más rápido a la propiedad de los instrumentos de trabajo y a la gestión de empresas cuanto más evite la ley ceder a los requerimientos de sus representantes políticos, que sólo pretenden ponerlos bajo su propia tutela interesada e incompetente.


Variedad

A la quimérica idea de un régimen ideal, mesiánico y universalmente aplicable, alguien se opuso con la vaga idea de que “el mejor régimen es aquel que, en una época y en un entrono determinados, se adapta mejor a la condiciones de tal o cual sociedad”.

La verdad es que el único régimen adecuado para todas la épocas y todos los entornos, el único que puede ser modelado en las condiciones esenciales de desarrollo de todas las sociedades, es aquel que deja la puerta abierta a todas las experiencias, sin imponer ni sofocar ninguna de ellas.

Si nuestra sociedad se ha vuelto singularmente complicada, esta misma complejidad, de la que no se puede esperar razonablemente que sea seguida y alcanzada por la capacidad de dirección de los gobernantes, exige el reconocimiento y la aplicación de grandes principios de lo más sencillos.

La Ley debe ser únicamente el medio para lograr la diversidad en los usos de la libertad, dentro de la unidad de las garantías de la libertad.


Verdad

La humanidad rara vez admite, de entrada, una verdad nueva o el rejuvenecimiento de una verdad antigua que haya sido descuidada o que haya pasado desapercibida, porque los hombres que la influyen han adoptado, en su mayor parte, por razón de su temperamento, interés, tradición o educación, concepciones contrarias que les cuesta abandonar, especialmente si han contribuido con su propio esfuerzo a adquirirlas. Pero deberán resignarse, tarde o temprano, cuando esta verdad haya aflorado en una serie de cerebros que todavía se encuentran en estado de evolución.

 


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